Un dálmata en la política
Un dálmata en la política, menuda forma de empezar un post y de acabar el año.
El título podría ser otro, como por ejemplo “¿Y si metiésemos a los perros en política?”, ya se que muchos pensaréis que se me ha ido «la pinza».
Un poco si (o mucho), con tantas comidas de amigos y familiares y con el disfrute de tantos vinos, seguro que algo de eso habrá. ¡Bendita locura!
Después de las pasadas elecciones generales y viendo como ha quedado el “patio” de la política española, estos días nos encontramos hasta en la sopa que el político fulanito se ha reunido con menganito para intentar formar gobierno, o que a fulanito le han dicho sus varones que nada de pactar con menganito porque eso sería imperdonable, etc.etc.
El escenario que se muestra en las noticias de televisión, en los periódicos y en medios digitales siempre suele ser el mismo. Dos señores sentados uno junto al otro para intentar llegar a un acuerdo de gobierno. Reunidos en una habitación donde todo es tan frío y tan artificial que llegar a un acuerdo se me antoja casi misión imposible, a menos que «la cosa» ya vaya preparada desde otras «cocinas».
No se si será así, pero mirando sus caras, sus gestos, sus expresiones emocionales, dan la sensación que están representando una «obra de teatro» sobre todo para sus seguidores o votantes incondicionales y un poco también para el resto de la galería.
Mi humilde opinión es que todo parece medido, calculado al milímetro… el color de la corbata, la posición de las manos, las piernas cruzadas, los gestos faciales, todo como muy encorsetado y casi robotizado.
Todo este «rollo» viene a cuenta de que me he acordado que nuestro anterior Presidente del Gobierno, el Sr. José Luis Rodriguez Zapatero, compró un precioso cachorro de dálmata al poco de ser elegido para dirigir España.
En otras culturas, como la americana e inglesa, son famosos los perros de los presidentes y todos ellos son recordados por cientos de anécdotas.
Todos hemos podido ver más de una vez como Bo, el perro de los Obama, un precioso perro de aguas portugués mundialmente conocido, corretea por la Casa Blanca mientras el hombre más poderoso de la Tierra recibe a mandatarios de primer nivel.
Los rusos tampoco se quedan atrás, Putin también es un presidente muy “perrero” y entre los varios que tiene está Kony, un labrador negro, que su dueño no duda en llevar a reuniones como en la de la foto de abajo, donde estaba con la canciller alemana Angela Merkel. Seguro que Kony puso esa nota de calidez emocional que debería existir en todas estas reuniones donde a veces es difícil romper el hielo.
Seguramente esté confundido, pero nunca vi ninguna imagen de Zapatero con su dálmata y mucho menos en medio de una reunión con alguien de la oposición, o con el presidente de otra nación o con la selección española de fútbol.
Imagino como hubiesen sido estas reuniones si alguno de sus muchos asesores le hubiese «asesorado», valga la redundancia, el haber llevado a su dálmata a una de ellas. Seguro que más amenas e incluso fructíferas, pero claro, yo no soy nada objetivo 🙂
No hace falta ser un experto en terapia asistida con perros para saber que El Perro con su sola presencia afecta positivamente al estado emocional de las personas, esto lo sabemos todos los que compartimos nuestra vida con un «canis lupus familiaris».
Sabemos desde hace años, por numerosos estudios científicos, que el simple hecho de acariciar un perro provoca en la mayoría de las personas un estado de paz y tranquilidad, regulándose el ritmo normal del corazón y por tanto beneficiando nada menos que la presión arterial entre otras cosas(Katcher y Beck., 1987). ¿Por qué no metemos a los perros en la política?, en esta política a la que nos tienen acostumbrados, donde el enfrentamiento, la división y el “y tu más”, es por desgracia lo normal.
¿Alguién se imagina una entrevista entre Mas y Rajoy discutiendo de Cataluña, de España, de «lo divino y lo humano», pero con sus perros poniendo un poco de cordura y calidez emocional a la reunión? Seguro que “la cosa” tendría un resultado más emocional y menos masculino-hormonal por llamarlo de una manera amable.
Siempre me ha gustado saber si nuestros políticos tienen perros o al menos si le gustan… para mi, lejos de ser un dato anecdótico, es un dato muy importante. Desde mi amor a los canes y todo lo que ellos representan, una persona que convive con un perro, o al que le gusten los perros tiene un plus sobre otra que no le gustan o directamente los odia.
En pocas horas comienza un Nuevo Año y uno de mis deseos es que nuestros políticos se apoyen un poco más en sus perros, en lo que debería ser el bello «arte de hacer política», que al menos lo prueben, igual les va un poquito mejor y al resto de nosotros también.
Feliz año perruno 2016 a tod@s.




Interesante reflexion para que las leyeran los politicos, pero no solo los presidentes de gobierno. A mas de un alcalde y concejal tambien le vendria bien hacer un poco de autocritica, en lugar de dedicarse a prohibir que nuestros perros cada vez tengan menos espacios donde poder pasear. Cada vez menos parques aceptan perros y playas ya ni te cuento.
Felicidades por el articulo
Muchas gracias Geisa3 por tu comentario. Es cierto que es prácticamente imposible el ir a una playa en España donde no esté prohibido pasear con el perro. Es una pena que nuestros gobernantes no empaticen un poco más con todos los millones de españoles que tenemos perros. Seguro que se podrían buscar soluciones validas para todos.
Lo dicho, gracias por tu comentario.