Mi dálmata Yago (Navium Agilitas de Cliveal)

Este es un pequeño homenaje a mi dálmata Yago.

Mi dálmata Yago

Mi dálmata Yago

 

Se nos fue el pasado día 31 de enero, mi última palabra para él fue GRACIAS EN MAYÚSCULA por ser nuestra mascota, nuestro fiel amigo desde hace casi 12 años, por cuidar de nosotros, de mis hijos ayudarles a crecer, a jugar a comprender la infinita bondad que puede tener un perro hacia su familia humana y todo ello a cambio de muy poco o incluso nada, amor puro e incondicional.

Desde que tengo uso de razón siempre he tenido perros a mi alrededor, muchos han convivido muy estrechamente conmigo y de todos guardo un recuerdo especial.

 

Yago fue mi primer perro, yo era su dueña, era mi responsabilidad, y sin embargo hoy pienso que me aportó mucho más que lo que yo le di a él, fiel, simpático, cariñoso, alocado, defensor a ultranza de su casa, de su familia, pero que jamás mordió o fue agresivo con nadie, ni siquiera se peleó con ningún perro, pura bondad y simpatía, pero que advertía a extraños de que nuestro espacio no iba a ser franqueable si no lo permitíamos nosotros, una vez que entraba en casa, era educado saludaba a todos y les daba la bienvenida, era muy juguetón, atrevido, pacifico con los suyos…

 

Recuerdo como si fuera ayer cuando comenzamos a pensar en tener un perro en casa, la razón fundamental era buscar un perro que nos cuidase la casa y que fuese a la vez un perro equilibrado para convivir con niños, nos acababan de robar en casa por la noche mientras dormíamos y nos narcotizaron a todos, incluso a mi hija y aquella dura experiencia nos hizo pensar en tener un perro poderoso pero no agresivo entre las diferentes razas que pensamos siempre me había fascinado la fuerza y majestuosidad de los dálmatas su elegancia, entre otras razas, encontramos un anuncio de Cliveal anunciando la venta de cachorros de dálmata y nos pusimos en contacto, recuerdo que buscábamos una perra pero cuando nos enviaron las fotos de los dos cachorros que quedaban, una hembra y un macho fue verle la carita a “Navium agilitas” y caer rendidos a sus encantos.

 

Llegada a casa de mi dálmata Yago

Llegó a casa una mañana de verano, calurosa, desconcertado asustado, poco a poco fue perdiendo su miedo y se adaptó muy pronto a nuestra casa y nuestra hija, con la que congenió desde el principio, no en vano ella lo consideraba como su hermano, le daba besitos con su naricilla húmeda y lamia muy delicadamente su carita, para no asustarla y siempre terminaba ella acostada sobre su manchitas suavito.

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En sus primeros años tenía una fuerza que yo no podía controlar, salir a la calle era casi un trauma, gracias a Dios cerca tenemos una zona de campo donde puede andar suelto y esos eran los paseos que más disfrutaba, poco a poco fue madurando y mis hijos creciendo y lo paseos fueron poco a poco más que agradables, gracias a él comencé correr para quemar esa energía que tenía, a él le gustaba mucho correr conmigo, por lo que era calzarme las zapatillas y comenzar a ladrar como loco, dando saltos a mi alrededor, al regresar a casa con su lengua de medio metro, sonreía y nos lamía agradeciendo su paseo. Recuerdo que cuando comenzaba a acariciarle si por el fuera se subiría encima mía para que lo acariciase como un cachorrito pero de 30 kg, y yo le decía que no eres un Yorksire !que me aplastas!

 

Tenía pánico a viajar en coche, se mareaba, vomitaba, por esa razón casi siempre se quedaba en casa cuando salíamos algunos días fuera, siempre se quedaba triste aunque sabía que no lo abandonaríamos, cuando regresábamos nos recibía con una gran alegría, en los últimos años le ayudamos a superar su miedo al coche y conseguimos que nos acompañara en algunos de nuestros viajes que disfrutaba muchísimo, a pesar del coche.

 

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Vivimos en una urbanización de chalets en el campo, por lo que en ocasiones alguna rata o ratón entraba en sus dominios y las cazaba sin piedad, exhibiendo su trofeo, defensor de su familia también nos avisó en un par de intentos de robo los cacos no se atrevían con él.

 

No le gustaban nada los baños, de hecho tenía alergia a los champús y lo lavábamos muy pocas veces para que no tuviese reacción alérgica, cuando se lo olía se escabullía como si con el no fuese la película, pero cuando terminaba su sesión de spa, corría contentísimo por todo el jardín.

 

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Con mis hijos jugaba al escondite, a la pelota, (que nunca devolvía) destrozaba cualquier balón de futbol, hasta las pelotas de tenis en cachitos pequeñitas, cuando hacían pompas de jabón y flotaban en el aire le encantaba saltar a explotarlas.

Acompañaba en las tardes de verano a Fernando, mi marido en sus trabajos en el jardín, en sus momentos de lectura, le gustaba acompañarlo, tranquilo, a sus pies, siempre a su lado, él que no había sido muy de tener perros quedó enamorado de su nobleza y su gran porte, le ha dejado tan alto el pedestal que duda que pueda volver tanto a otro perro como a él.

 

Mi dálmata Yago ha sido una “nani” para todos, disfrutaba con locura rodeado de niños

 

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Todos mis sobrinos se han criado con él, desde bebes hasta más mayorcitos ha sido una nani para todos, disfrutaba con locura rodeado de niños.

Coleccionista de piedras que mascaba y rechupeteaba como si fuesen un caramelo, comilón como él solo le apodábamos “la aspiradora”, porque cualquier miguita de pan la detectaba al momento. Nos tenía siempre preocupados por sus alergias que se agudizaban en primavera y otoño, las patas siempre llenas de heridas por el excesivo lamido, pero el pobre mío aguantaba el dolor, las isabelinas y todo con una paciencia infinita, sin quejarse nunca, aunque de vez en cuando se vengaba de nosotros y destrozaba a trompazos la isabelina.

Aparentó hasta su muerte una juventud que a todos engañaba, todos los que lo conocían creían que se trataba de un pero joven por su agilidad.

Fue sufrido hasta para morir, aguantaba el dolor la debilidad sin quejarse, sin pedir nada más que una caricia, por ese motivo nos dio a todos una lección de vida de fortaleza y no nos queda nada más que la gratitud por haberlo podido disfrutar una larga vida para él y muy corta para nosotros.

Fernando Jr. está aún muy afectado con su perdida pues desde que tiene uso de razón Yago ha estado a su lado, recuerdo el día que llegue de la Clínica con él, de bebé en mis brazos y se lo presentamos a Yago, lo olió y desde entonces, ya nunca se separó de él.

Con infinita paciencia aguantaba cuando le tiraba de la cola, o se montaba en su lomo como si fuese un caballo, jugando al escondite…mil juegos que siempre recordará, para él ha sido muy duro, tardó dos días en romper a llorar, y ahora piensa que ningún otro perro puede ocupar su lugar, el otro día para animarlos y no estar todo el rato llorando, comenzamos a pensar en comprar otro cachorrito, por la noche al acostare le pregunté qué pensaba y me dijo mamá, no son juguetes, parece que se nos ha roto un juguete y le buscamos repuesto enseguida, son seres vivos…me dejó rota de dolor, era su forma de mostrar su duelo y su pena, ahora ya comienza a animarse a pensar en un nuevo compañero de juegos pero que nunca podrá sustituir a su Yago.

 

Mi dálmata Yago: Recuerdos de mi hija, para el que ha sido como su hermano…

 

Hola, yo soy Silvia junior, compañera de mi dálmata Yago desde que entró por la puerta de la casa nervioso y asustado, y me acuerdo muchísimo que yo no lo soltaba porque me enamoré de él, todo el día con él encima. Yo le he enseñado muchas cosas, pero él me ha criado y él ha sido mi primer perro, con lo cual al convivir con él todo el día he visto que como siempre dicen el perro definitivamente es el MEJOR amigo del hombre.

 

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Mi dálmata Yago me consolaba, me defendía, me acompañaba cuando me quedaba sola al volver del colegio a casa, me hacía reír y por supuesto me divertía muchísimo con él. Me gustaría contar algunas cosas con las que me reía con él y cosas que he descubierto de los perros que no sabía.

Al quedarme sola con él a la vuelta del colegio, lo metía dentro de la casa, cosa que no le gustaba a mis padres nada porque decía que lo iba a malacostumbrar, así que quedaba con él que me avisara cuando mi madre venía para sacarlo afuera corriendo, y más de una vez yo estaba en la segunda planta de la casa y como no lo oía a veces subía para decirme que le abriese la puerta, pero como no sabía muy bien bajar las escaleras tardábamos, así que si nos daba tiempo, corriendo le sacaba y se hacía el dormido para disimular, y otras veces nos descubrían pero le echaba la culpa a él pero luego se la devolvía.

Siempre que veía que otro animal entraba en su territorio, él iba a expulsarlo o directamente atacaba, y como dice mi madre luego exhibía su trofeo y yo se lo premiaba.

Bueno cuando mi hermano se hizo un poco más mayor tuvo un helicóptero teledirigido y ¿cómo no?, al principio se asustó pero en seguida intentaba cogerlo al igual que las pompas de jabón, coches teledirigidos, globos, todo lo que se movía a su alrededor.

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Me acuerdo de muchísimas cosas de él, todavía cuando llego a casa sigo esperando a que venga un tal manchitas a darme lametazos y a acompañarme. Y como yo siempre le he tratado como uno más, es como si se me hubiese ido un hermano.

Así que solo decir que lo hecho muchísimo de menos, que me ha encantado estar acompañada de un dálmata durante toda mi infancia y que gracias a mi mejor amigo, mi fiel compañero y mi encantador hermano, mi dálmata YAGO.

Hastas siempre, nuestro buen amigo y fiel camarada…

Firmado: Silvia y Silvia Jr. (Córdoba)


Cliveal.- Muchas gracias Silvia y Silvia Jr por este testimonio sobre  Yago (Navium Agilitas de Cliveal). Os enviamos todo nuestro cariño y un fuerte abrazo por su pérdida, ahora toca hacerle el duelo.

 


Invitamos a todas las familias que tienen o han tenido un perro criado en Cliveal, a que se animen a compartir unas lineas sobre su dálmata o fox-terrier, sólo tienen que enviarnos un e-mail a cliveal@cliveal.com y lo publicaremos en este Blog.

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Un comentario

  1. Juan Morera Juliá

    Muy emotivo el testimonio de Silvia y Silvia jr. sobre Yago, pero es la pura realidad, quien tiene o ha tenido perro, por poco que lo haya querido, cosa muy difícil de no hacer, porque se hacen querer con locura, cuando nos dejan, nos queda un enorme vacío muy difícil de llenar, por eso quiero acompañar a esta familia a superar este difícil momento, y ha conseguir la conformidad necesaria para superar este mal trago, por experiencia sé lo que están pasando y és muy doloroso, pero han de pensar que la vida sigue y que con el tiempo el dolor, que no el recuerdo se irá difuminando, no soy quien para aconsejar, pero ayudaría mucho coger otro cachorro, al menos a mí me ha funcionado siempre, los problemas y satisfacciones que te da el nuevo miembro de la família, ayudan mucho a mitigar la pena del anterior, y repito, la pena o dolor, no el recuerdo, éste queda grabado y perdurable para toda la vida.

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