Mi dálmata Cooper (Vetus Latium de Cliveal)

Mi dálmata Cooper (Vetus Latium de Cliveal), un maravilloso dálmata que ha cambiado en muchísimas cosas nuestra convivencia diaria y que cada día lo adoramos más.

Con estas líndálmata macho Vetus Latium de Clivealeas quería poner negro sobre blanco como a veces fruto de las casualidades, la vida puede dar un vuelco inesperado que uno jamás hubiese pensado.

Antes de seguir hablando de Cooper quiero agradecer a Cliveal (Inma y Pedro) y en particular a Pedro que un día atendiera mi llamada telefónica y se cruzase en mi camino. Mil gracias!!!

Mi llamada era para preguntar por un dálmata para nuestro hogar, un dálmata con el que mi pareja pudiera salir a correr. Después de un buen rato de conversación me despedí y aquí debería haber acabado la historia…

Pero la historia continuó porque Pedro me devolvió la llamada al poco tiempo… yo le había hablado de un cachorro, pero a él se le paso por la cabeza una idea que quiso proponerme poco después.

Me llamó de segundas para ofrecerme la posibilidad de adoptar un dálmata macho de diez meses, que una familia por motivos laborales, apenas podía dedicarle el tiempo que ellos creían necesario y que después de mucho meditarlo decidieron hablar con su criador (Pedro) para que les ayudase a buscar una nueva familia que dispusiese del tiempo que ellos no tenían para su perro.

Sin duda el destino existe y quiso que se realizaran estas llamadas y todo se hiló para que se llevara a cabo, así fue como Cooper entró en nuestras vidas.

Nos cambió la vida al poco de llegar a casa y esto también es algo que siempre agradeceré a Álvaro, Paloma e Íñigo, su anterior familia, que confiaron en nosotros el cuidado de su peludo.

Sorprende como personas que no conoces de nada, te puedan cambiar la vida de una manera tan maravillosa como ellos lo han hecho. GRACIAS DE CORAZÓN!!!

Cooper entró en mi familia cuando tenía 10 meses. Desde el principio se portaba muy bien por casa, pero en la calle le costaba un poco acudir a nuestra llamada. Tenemos la suerte de tener un monte justo al lado de casa y Cooper se convertía en una especie de “cabra desbocada” cada vez que salía a pasear por allí.

Actualmente tiene dos años y medio y pesa 32 kg el “pequeñín”, que es como a veces también lo llamamos.

A continuación os comento la relación que tenemos cada uno de nosotros con él y algunas anécdotas.

Cooper y mi hijo Edgar:

 

Mi hijo ha sido siempre bastante “movidillo” y me suele hacer “refunfuñar” en algunas ocasiones, sobre todo a la hora de irse a la cama.

dalmata echado junto a su dueño

Una noche que andaba suplicándole a pleno pulmón que ya era hora de ir a la cama, apareció Cooper, se acercó a mi hijo y comenzó a empujarle como vaca que topa, hasta que le metió en su habitación. Edgar y yo nos empezamos a reír porque después de hacer esto, Cooper se sentó y me miraba como diciendo “¡alaaa, ya está, trabajo hecho!” 🙂

Cooper y mi hija Andrea:

 

dalmata tumbado junto a su dueñaAndrea es con diferencia quien más le mima, y él lo sabe.

Una anécdota muy graciosa fue cuando Andrea tuvo que aprender a tocar la flauta… Cuando se ponía a tocarla, Cooper pobrecillo gimoteaba.

Yo pensaba que le hacía daño en los oídos esas notas musicales que a veces eran un poco desafinadas 🙂 Así que cerraba la puerta de la habitación de Andrea para que le molestase menos. Pero lo que ocurría entonces es que Cooper se ponía nervioso, así que decidí dejar todas las puertas abiertas y que él fuese donde quisiera.

Para sorpresa nuestra, él sólo quería echarse al lado de Andrea y dedicarse a “cantar” en plan perruno 🙂 Así Andrea tocaba las notas, Cooper más alto aullaba.

Así que en cuanto Andrea saca la flauta, Cooper se va junto a ella más contento que un ocho.

Cooper y Ángel:

 

dalmata mirando fijamente a su dueño. ClivealHablar de “estos dos” daría para un libro, ¡madre mía!, sin duda lo mejor que les ha podido pasar.

Ángel NO QUERÍA PERROS y lo pongo en mayúsculas 🙂

¡Pues menos mal! Él era de decir aquello de que si entrara uno en casa, habría que ser muy estrictos, nada de subirse al sofá, a la cama,… en fin, al final sólo diré que ha sido todo lo contrario, y que las siestas de Ángel y Cooper son apoteósicas 🙂

dalmata Cooper durmiendo la siesta con su dueño

Justo cuando Cooper llegó a casa, Ángel pasaba por un mal momento y la verdad es que este “chiquitín” le ha cambiado en muchísimos aspectos, es por eso que Pedro y Paloma saben que jamás terminaré de agradecérselo.

A Ángel le encanta correr y lógicamente tiene su ropa especial para ello (camisetas, pantalones, calcetines,…) todo guardado a parte de su ropa normal.

Hoy en día, cuando Ángel comienza a prepararse para salir a correr, Cooper va raudo y veloz al cajón de los calcetines, coge un par y se los deja a Ángel en el pasillo, sentándose al lado. No me queda claro si es para ayudarle o para que se los pongamos a él 🙂

Cooper empezó a correr con Ángel cuando cumplió los quince meses de edad y esto fue sin duda un descubrimiento para ambos y un gran motivo de alegría.

El primer día que corrieron juntos, Cooper llegó a casa “reventadito” y estuvo casi dos días que apenas quería pisar la calle.

Al poco tiempo de empezar a correr juntos, se apuntaron a un Canicross, un tipo de carreras donde corren juntos dueño y perro. La experiencia fue (perdonad la expresión) “la repera”.

Para hacer Canicross hay que enseñar unas normas al perro y que nunca le llegamos a enseñar a nuestro dálmata, como por ejemplo ir a la derecha o izquierda del guía, que el perro no se cruce, pasar a los corredores por la izquierda,… Cooper desde el minuto uno, fue ponerle el arnés de tiro y empezar a “flipar” con él, como si lo hubiese hecho toda la vida.

Ha demostrado ser un dálmata muy competitivo y mucho mejor aún, que disfruta corriendo, aunque eso, según parece, el dálmata lo trae de fábrica 🙂

Lo último que diré de “estos dos” es que tienen un vínculo tan especial que cuando a veces tengo mis más y mis menos con Ángel, el muy “cabroncete” (perdonad de nuevo mi vocabulario jeje), en lugar de ponerse de mi lado, me mira y se marcha cabizbajo… como diciendo “¡tu sabrás donde te metes que yo me voy!” 🙂

Cooper y yo:

 

Después de contar la parrafada que ya habéis leído, ¿qué queréis que os diga?… me tiene enamorada 🙂

Él y yo tenemos un problemilla, y es que Cooper pesa 32kg y yo 43kg, a él le encantaría que le subiese a upas, pero no puedo con él.

Le encanta que le dé palmadas en el pecho y en el culo. Cuando estoy sentada y tiene ganas de mimos, se me viene y apoya la cabeza en mis piernas buscando mis caricias 🙂

Termino ya agradeciendo a todos el tiempo que habéis dedicado a la lectura de estas líneas sobre mi dálmata y también reiterando de nuevo mi agradecimiento a los que habéis hecho posible que en mi familia podamos disfrutar de un dálmata tan maravilloso.

Sin duda, un dálmata es sinónimo de felicidad y aún más si es un Cliveal.

Firmado: Errakel E. (Burgos)

 


Muchas gracias Errakel por este testimonio sobre  Cooper. Invitamos a todas las familias que tienen o han tenido un fox terrier o un dálmata de Cliveal, a que se animen a compartir unas lineas sobre su perro, sólo tienen que enviarnos un e-mail a cliveal@cliveal.com y la publicaremos en este Blog.


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2 comentarios

  1. Precioso testimonio.
    Y Cooper es guapísimo.
    Yo tambien tengo dos dálmatas, y estoy enamorado de ellas. No las cambiaría por nada.
    Gracias por compartir esta historia.

  2. Gracias Borja por tu comentario 🙂

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